No escribo nada en este sitio desde abril. Hay dos razones: pasó de todo y, en definitiva, no pasó nada. Viajé, eso sí. Fui a Nueva York y a Estambul. Pasé por Bucarest, me detuve en Bruselas, bajé y subí en Granada, estuve en Madrid. Volví. Faltan unos días nada más para que tenga que viajar de nuevo. Después de diez años San Francisco otra vez. Y otra vez Bruselas, para una primera vez -el foro intersex de la ILGA.
Y entonces pasa lo siguiente; desde hace dos días pasa lo siguiente: le llevo a mi médico un estudio que completé hace tres meses, un estudio que dio "bien" según la médica que lo hizo, y que dio "nadaporloquepreocuparse" según mi médico que no alcanzó a verlo. Para qué ir hasta allá, pensé yo, si dio bien y no es nada por lo que preocuparse. Lo llevé cuando volví, y pasó un mes, y pude. Y mi médico sigue diciendo lo mismo, "nadaporloquepreocuparse" pero por las dudas cirugía y biopsia. Sin urgencias, pero por la cirugía pensada cobra tanto y si tiene que seguir más allá cobra un tanto más. Lo que sea que sea que tengo adentro, quiero que me lo saquen en el acto y que acto seguido me digan si voy a vivir o a morir y, por supuesto, cuándo. Salgo del consultorio con pedidos y órdenes, me siento en la puerta, me paro, vuelvo a subir. Si me van a sacar algo que me saquen todo, le digo, y me espanto: mi médico asiente, y calibra. Si estás decidido a ser un tipo entonces estaría bien que te sacaras todo, me digo, y lo miro incrédulo. Hace 25 años que estoy decidido y nunca deja de sorprenderme la facilidad con la que la gente le encuentra sentido a la combinación entre masculinidad y cirugía.
Pasa una noche, el sueño sostenido en una decisión ya tomada. Al mediodía voy a mi obra social a ver a una médica que me han recomendado. Me dice exactamente lo mismo que mi médico, me dice que no hay apuro, que me vaya de viaje, que me vaya y vuelva y me opere después. La diferencia es que no va a cobrarme ni el tanto ni el tanto más, y que lo que gano podrá ir a comprar por fin una mesa y construir por fin una mesada en lugar de ir a parar a honorarios médicos. Y me felicito por la solución; después de todo, me digo, lo mejor es que esté enfermo en una casa presentable, porque si tengo cáncer nadie sabe quién podría venir a visitarme.